Últimamente, es más habitual encontrar en los bares, restaurantes o clubs una carta de aguas, parecida a la tradicional de vinos, dentro de su oferta culinaria. De este modo, ya son muchos los países que se han enganchado a la moda del agua de lujo, que empezara, hace tiempo, en Estados Unidos y Alemania.
El lugar, sinónimo de calidad
Es evidente que este tipo de agua destaca tanto por su enorme calidad, por su precio elevado, como por su origen remoto. Así pues, dentro de este mercado, podemos encontrar botellas de agua procedentes de las islas Fiji, en el océano Pacífico, con un alto contenido en sílico, lo cual las hace perfectas para aportar beneficios extras en el cuidado de la piel y el cabello.
Otras nacen en las profundidades de unos manantiales situados a pocos kilómetros de Londres, y su calidad radica en su bajo nivel de sódio, así como en su riqueza en minerales, como por ejemplo, el calcio, el hierro y el estroncio. De este modo, gracias a sus propiedades estomacales, son altamente recomendables para ayudar en los procesos digestivos.
La curiosidad también es calidad
Aunque, en ocasiones, la especialidad no viene tanto del dónde, sino, más bien del cómo. Una muestra de ello son las botellas de agua provenientes de King Island, situada entre la isla de Tazmania y la costa sur de Australia. De estas botellas se resalta que, para su elaboración, se han utilizado 9.750 gotas de agua de lluvia como cifra exacta. El resultado es una agua cuatrocientas veces más pura que cualquier otra; calidad y cualidad son incuestionables.
Una mezcla explosiva sigue siendo calidad
No obstante, la distinción también puede aparecer en el diseño y composición de la botella. Por lo tanto, si juntamos un envase personalizado y vanguardista con un agua pura y de calidad, el resultado será, muy probablemente, la máxima expresión de la exclusividad. Un ejemplo claro es el agua que se extrae, a más de ochocientos metros de profundidad, de un manantial de Somkey Mountains, en Estados Unidos, la cual se envasa en una botella de cristal glaseado, decorada a mano con incrustaciones de Swarovski.
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